Los sostenes de El Boquerón

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Bajábamos aceleradamente al aeropuerto un domingo en la tarde. Debía tomar el último vuelo a Maracaibo para presentarme en mi trabajo el lunes a primera hora. El fin de semana había transcurrido plácido y colmado de amor del bueno, tanto de mi familia como de mi novia. Yo conducía su carro. Queríamos aprovechar hasta el último minuto previo a la despedida.

Nos adentramos en el primer túnel. Un poco antes de su salida y a solo un carro de distancia notamos un barullo y un autobús accidentado. Había espacio, pero el humo se había convertido en fuego. Los pasajeros salían por las ventanas en pánico. Yo con la seguridad que me caracteriza afirmé: “Los vehículos no explotan. El tanque está diseñado para contener los gases calientes”. No habían pasado ni 30 segundos cuando una explosión magnificada por el eco nos aturdió sacudiendo mi ignorancia. Inmediatamente todos los carros comenzamos a retroceder; hasta donde nos fue posible; y el túnel comenzó a llenarse de una negra espesura.

La gente se bajó de los carros. No había salida hacia delante. Las llamas estaban vivas y creciendo. Nos esperaban casi 2 kilómetros hasta la salida. No podía sacarme de la mente que el carro de Valeria había quedado expuesto, así como el zaperoco que se iba a armar en su estrictísima familia por haberme llevado sola y sin permiso al aeropuerto. Nunca salíamos sin chaperón … así eran las cosas. Las preocupaciones esotéricas se disiparon cuando me dijo: “Tenemos que salir ya. Soy asmática y siento ahogo”. La tomé de la mano y aceleré el paso. A todos nos costaba respirar. Los ductos de extracción no funcionaban. De repente me percaté que tanto hombres como mujeres comenzaban a quitarse la camisa para usarlas como pañuelo. Le sugerí a Valeria que hiciera lo propio. Me miró con recelo, pero me hizo caso.

Fue una bizarra pero placentera peregrinación de torsos cenizos.

Debía estar mirando la luz al final del túnel, pero la tentación tenía casi 2 kilómetros de largo.

Nunca imaginé que mi primer encuentro con los pechos de mi novia sería a la carrera y solo de vista.

Gerardo Antoni Taborda (gAt)

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