Villa Diamante – Villa Planchart

La lluvia hizo una pausa y el cielo recuperó su azul en el tope de El Cerrito, donde surge hacia el infinito Villa Planchart.

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Lugar de encuentro con quienes nos acompañan durante todo el año divulgando nuestros quehaceres y porvenires: Los comunicadores.
El paisajismo multiétnico se extiende por dos hectáreas de suaves colinas. Las orquídeas son las consentidas, y compañía permanente de sus moradores.
La Villa atesora buen gusto y arte que armoniza a la redonda con El Valle y el majestuoso Avila que se cuela por ventanales dimensionados para capturar el esplendor.
Sentí la mirada difuminada de Reverón, el vaivén de Calder, Cabre rivalizando con el horizonte, el cinetismo de los nuestros: Otero, Cruz Diez y Soto; y hasta Joan Miro a mis pies, en una alfombra que solo admite la pisada de la vista. Hasta la provincia se asoma en el óleo de Monasterio.
La modernidad no ha perdido vigencia, ni en las estructuras ni en el mobiliario.Me deslizo sobre mármoles variopintos y me subyuga el comedor con paredes de viento y rocío.

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Los techos son de varios pisos, permitiendo una bóveda de arte y simbología de soles, lunas y geometría.

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Gio Ponti; arquitecto y diseñador italiano; dejó una huella imborrable en su obra cumbre.
Los Planchart; descendientes de pura cepa son nuestros anfitriones. No escatiman en detalles. Cada paso da pie a una anécdota o reseña artística.
Semejante anfiteatro habilitó el acercamiento entre propios y extraños. La música se hizo presente a través de la flauta de Huáscar, y los cuatros de artistas y espontáneos.
Inolvidable momento, en sin igual ambiente… el rombo se llenó de Diamantes.

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