Con espíritu de Marinero … en Seattle …

Estoy en Seattle, Estado de Washington en el Noroeste de los Estados Unidos.
La ciudad es famosa por su música y café. Está situada entre el Lago Washington y la bahía conocida como Puget Sound, junto al océano Pacífico.

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Desde el arribo se siente el orgullo por lo propio. Los pasillos del aeropuerto tienen “huellas” repletas de simbolismo. Existe una senda de flora, salmones y otras especies; incrustadas artísticamente señalando el camino. Hay exhibiciones permanentes de arte “originario”.
Estamos en primavera, la temperatura esta deliciosa. Mis mejillas lo atestiguan a 10 grados centígrados.
Fue un viaje fugaz, pero disfruté una tarde con espíritu de marinero incursionando en la magia del mercado popular (Pike Place Public Market).
Muy pintoresca estampa de frutos de la mar y el campo. Malabarismos y acrobacias despachando el pescado, bajo una coral de entusiastas trabajadores.

Y qué decir de la primavera expresada en un arcoíris de tulipanes. Sin excepción, las asiáticas están a cargo. ¿Será el secreto del Lejano Oriente para no marchitarse?

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No existe mejor sitio para impregnarse de sensaciones. Hay presencia de artistas en todas sus manifestaciones. Greñas y Guitarras con voces privilegiadas hacen honor a la fama de esta ciudad ; cuna de bandas famosas: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y Heart; y ciudad natal del famoso guitarrista de rock Jimi Hendrix.
También me topé con espiritistas, psíquicos y hasta “tuqueques” fundidos … que ya forman parte de mi trópico.
La mar es un imán que transporta los pensamientos. Basta observarlo y dejarse llevar, quién sabe hasta dónde. Lo difícil es regresar.
La actividad portuaria no cesa. Es frenética. Buques cargados de “containers” cruzan una y otra vez.; y la seguidilla de trenes es mera
consecuencia. También hay cabida para los cruceros.. Los peatones no están excluidos. Se camina por un malecón salpicado de esculturas (“Olympic Sculpture Park”) y fragancia salobre, o se es transportado en bicicletas parejeras.
Abundan los edificios de cristal. El paisaje es caleidoscópico.
Luego deambule como VaGATundo por el símbolo de la ciudad: la estilizada Aguja Espacial (“ Space Needle”) que se erige desde la Feria de 1962, 184 metros sobre la ciudad; y todo lo que gira a su alrededor: museos, teatros, estadio, fuente y plaza.

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Cualquiera rebosaría de orgullo: monumentos hermosos, funcionales y mejor preservados.
A pesar del monorriel llegué caminando… no hay como percibir todos los ángulos desde el ritmo de la suela.
Presencié una protesta pacífica de largo aliento. Unos “nativos” están honrando a un hermano y artista vilmente asesinado: Jonh T. Williams, tallando a cuchillo un tótem de cedro centenario.
Volví a mi juventud contemplando acrobacias “de morados” en una cancha para patinetas.
Cené a media luz una gustosísima sopa de almejas (“Clam Chowder”) y un filete de pescado que se deshacía en mi boca entre zumo de limón y alcaparras.

Anochecí frente a la bahía (“Elliot Bay”) entre “cantos” y aleteos de GATviotas; saboreando el camino de regreso.

 gAt

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