Agradecimiento a mi Padre, Homenaje al Resto…El Tributo continúa

Inevitable no complementar por el lado paterno, el homenaje ya testimoniado a mi madre. He sido afortunado por partida DOBLE.

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Raúl (RAL) es venezolano y mestizo de pura cepa; padre corso, madre güireña y nacido en Puerto España, Trinidad. Aún eran tiempos del Imperio Británico y sus colonias; lo cual explica sus “reales” valores. Se crio en el borde, en un vecindario colindante entre los aristócratas y el pueblo: indios y negros. Ello explica la sensibilidad en el corazón y la aristocracia en el porte; lo cual hasta lo hizo merecedor del remoquete de “colirio”.

Mi Padre siempre ha sido un petrolero por vocación y devoción. Fueron más de 30 años al servicio de la industria. Todavía a sus 82 es miembro activo de cuanto club agrupa a los excompañeros de faena y logros: Club Creole, Los Amigos de los Campos Petroleros, los de Maraven y pare de contar. Tres de sus hijos también fuimos petroleros. La disciplina en esos tiempos era militar. No habían transcurrido tres años en sitio y había una mudanza en puertas: Maracaibo, La Salina, Caracas, Quiriquire, Judibana y Caracas. Además siempre ocurría a mitad del año escolar. No había negociación posible. No solo significaba adaptarse a un nuevo grupo escolar sino lo más doloroso: despedirse de las noviecillas.O nos achicopalábamos o se forjaba el carácter. Ello explica nuestra capacidad de adaptación.

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Había ires y venires entre los campos petroleros y las ciudades de los abuelos: Maracaibo y Caracas.Cada viaje iba acompañado por nuestra consabida pregunta. ¿Cuánto falta? La distracción del camino eran los “sanguches” de mi madre y los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, de la inventiva de mi padre y sus dotes narrativas..

Su control abarcaba desde el corte de pelo (hoy me desquito con mis rizos al aire y mis tatuajes), hasta el modo de vestir. Una vez al año visitábamos las tiendas de los árabes, siempre bajo supervisión estricta. Sin lugar a dudas soy más tolerante conmigo mismo y los míos.

La cultura siempre estuvo presente en nuestra educación. El Hogar complementaba la currícula escolar. El inglés permeaba ayudado por uno que otro coscorrón. La Semana Santa avanzaba ante las lecturas de los cuatro evangelios. La música clásica siempre nos armonizó, así como las expresiones populares del calipso y su “Steel band”.

Las mesadas había que ganárselas. Lijado de ventanas, pintura, jardinería y lo peor de todos la limpieza de zapatos. Mi Papá calza más de 43, y solo pagaba por un zapato estándar.

Mi primer carro fue un “Ford Fairlane” sincrónico con palanca de cambios en el volante. Me fue vendido de contado y a precio de mercado; una vez que me gradué de profesional. Fue el carro de mi padre, pasó a mi madre, y solo tuve el privilegio de la primera opción de compra. Ello sembró el valor del dinero.

Mis Padres son católicos PRACTICANTES hasta el sol de hoy. Hasta coincidieron en un coro celestial en la ciudad de Maracaibo, bajo la legión de María. Los hijos somos hombres y mujeres de bien, pero de menos FE. Sin embargo espero que tantas misas, el vía crucis de Caripito, haber sido compañero de oficina de un sacerdote (El Padre Pepe; párroco de Manzanares), las visitas al Monasterio de los Trapenses en Estanques: Estado Mérida; hayan ganado algo de indulgencia divina.

El deporte siempre fue estimulado principalmente a través del futbol, explicado por la ascendencia europea. Recuerdo las caimaneras familiares en Quiriquire y su promoción y acompañamiento en el Equipo de Los Hermanos Maristas en la Liga Caraqueña. “Correr es vivir” apareció a los 15 años, y sigue presente. También el trabajo en equipo, propiciado por los “Boy Scouts”. Solo llegué a ser Lobato y posteriormente “estepario”.

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Soy temerario en el agua. No tenía ni 7 años cuando fui lanzado sin anestesia y bajo los aullidos de mi madre en la Poza Azul, de Casanay en el Estado Sucre. O acudía a mis instintos o sucumbía. Aquí estoy. Hijo de “isleño” se defiende como pez en el agua.

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Las vacaciones familiares era una fija. Mucho recorrido por Venezuela en el Opel, el Fairlane y el Dodge Dart. Ello sembró el amor por nuestra geografía y su gente. También hubo varios destinos internacionales: Trinidad (la tierra que lo parió), Barbados; su fijación playera y una escuela sensorial para mi hermano Johnny y este servidor. (Les debo la historia de Barbados y un gAt enjaulado), y Nueva York: la metrópoli.

Todo lo gastronómico le corresponde a mi madre, sin embargo aún se mantiene la tradición paterna del Ponche Navideño; apreciado por propios y extraños; y con una receta NO revelada. Sus hábitos siempre han sido austeros. Su desayuno ha sido invariable y frugal por décadas: cambur, pasitas y “Special K”. Su única debilidad: los postres y en particular el chocolate. Se ha ganado merecidamente el apodo de “Winnie the Pooh”.

Su afición por la lengua, las comunicaciones y los asuntos públicos fue heredada. Plasmó su experiencia profesional en un Libro Académico: Relaciones Públicas: ¿Sí o No?, y hasta en una novela con rasgos “autobiográficos “Half Way Down The Hill”. Siendo Gerente de Asuntos Públicos su trabajo no respetaba ni noches ni fines de semana. Nos hacía partícipes, atendiendo bajo estándares corporativos a los hijos de personalidades. La pena de no cumplir a cabalidad era quedarnos sin la función de cine, lo cual ocurrió más de una vez. Profesional hasta la médula. “Cada interacción deja una percepción, sobre la cual se construye una reputación. Los detalles hacen la diferencia.”, son parte de su legado internalizado.

Solidario y honesto hasta la médula, defensor de causas justas y dispuesto a levantar su voz y pluma ante cualquier audiencia. Las “Cartas a El Nacional”, “El Correo del Pueblo” y sus empleados a lo largo de décadas son testigos. Su ambientalismo lo llevo a acuñar frases memorables: “La Venezuela que debemos conservar”.

En este caso puedo decir con propiedad…que el ALUMNO no ha logrado superar al MAESTRO;pero moriré en el intento.

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