El Catatumbo y sus relampagueantes Pueblos de Agua: Congo Mirador y Ologa.

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Desde niño he sido testigo del fenómeno del Relámpago del Catatumbo. Una serie de relámpagos continuos. Mi madre es zuliana, mi padre fue trabajador petrolero y yo también. Lo contemplaba desde Maracaibo y la Costa Oriental del Lago. El relámpago siempre fue una fascinación a la distancia. Las etnias indígenas (wayuus, yucpas y waris entre otras) le atribuyen valor espiritual.  En 2014 el relámpago cobro notoriedad internacional, al serdeclarado Record Guinness como la mayor concentración de relámpagos en la Tierra. Ello nos hizo planificar un viaje para observarlo lo más cerca posible desde los pueblos de agua del sur del Lago de Maracaibo: Congo Mirador y Ologa; en el Parque Nacional Ciénagas de Juan Manuel(o Ciénagas del Catatumbo). La Zona, al igual que el resto de Venezuela está experimentando una sequía absoluta que se ha prolongado por varios meses. Sin lluvias, no hay tormentas ni Relámpago. El fenómeno fluctúa durante el año, teniendo menor intensidad en la época de sequía. Usualmente se observa entre abril y noviembre. Sin embargo en promedio llega a presentarse entre 140-260 veces al año, por periodos que pueden llegar a 7 horas, y decenas de descargas por minuto.

Foto Cortesia de Alan Highton

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Los estudios han atribuido diferentes razones al fenómeno. La más aceptada la atribuye a la circulación de vientos en la región encerrados por cordilleras. Un encuentro de corrientes de aire frías y calientes entre los sistemas montañosos de la Sierra de Perijá y la Cordillera de Mérida. Hay otras teorías que lo vinculan al metano (proveniente de las ciénagas del sur del lago) y fisuras del manto rocoso, y hasta la presencia de uranio.

Existía el riesgo de “perder” el viaje, pero bien valía la pena el esfuerzo. Nos deparaban muchos atractivos. La cuenca del Lago de Maracaibo tiene características muy singulares. Está completamente rodeada de montañas lo cual ha permitido que se desarrollen especies endémicas.

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El punto de encuentro fue El Vigía, en el Estado Mérida; lugar donde el pie de monte andino se funde con la cuenca del lago. La primera parada fue para degustar la mejor arepa de mi vida. Era un embudo de masa fina rellena con carne asada, ensalada criolla y queso rallado. También las ofrecían de pernil.

Los compañeros de viaje resultaron excepcionales y variopintos. Alan; el guía, fotógrafo y amante de la naturaleza; de origen barbadeño pero más venezolano que cualquiera de nosotros; Kico (Francisco Naranjo Covarrubias) el Wayuu de Nazareth; un poblado al norte de Castillete (Fotógrafo y trotamundos); Amy y Jess las jóvenes inglesas con hambre de trópico y biodiversidad, Wade y Sarah los australianos-ingleses viviendo su noveno mes de luna de miel como mochileros del mundo; Ken y Rebeca los aragüeños que comparten nuestra pasión por conocer cada rincón de nuestra tierra. Como lancheros tuvimos a Edwin, Jonathan (El Cuaimo) y Leo. Amables, conocedores, eficaces y serviciales a mas no poder.

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Desde El Vigía partimos por tierra a Puerto Concha, el embarcadero que nos llevaría en poco menos de tres horas a ritmo de peñero al destino: el pueblo de Ologa: nuestra “plataforma de observación atmosférica”. Antes de partir nos llenamos de gastronomía de la zona. Un plato de manamana; pescado endémico del Zulia, con mucha carne y excelente sabor. Además vino premiado con huevas. Por supuesto acompañado de plátano y queso blanco; los productos emblemáticos de la zona. La humedad era agobiante. Fue muy divertido explicarles a los turistas extranjeros nuestro emprendimiento criollo. Un kiosquito anunciaba un tres en uno: lotería, “tetas” de zapote y se sacan puntos negros… “pa que vos veáis”.

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En Puerto Concha nos encontramos con una comunidad enardecida que había trancado la vía. Tenían más de 20 horas sin luz por la caída de un poste con el respectivo transformador. Tuvimos que bordearlos a pie, con el equipaje al hombro.

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La primera hora de travesía transcurrió  por el Rio Concha. En sus riberas se observa una fauna muy variada de aves de gran tamaño: gavilanes (caracolero, colorado o mejor dicho collarado) y garzas (morena, azul y chicuare); y otras como patos, tucanes, pájaro carpintero, garrapatero hervidor (hace un sonido de agua en ebullición) y hasta el zamuro oripopo, de cabeza roja. También muchos monos y unas iguanas singulares con vetas amarillas. Con suerte uno puede llegar a observar nutrias y babas.

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El rio y su desembocadura son fuente para la pesca de cangreja roja. Casi toda la producción es comprada para la exportación. Resulta grotesco ver como la pescan. Tienden una línea con cabezas de pollo. La cangreja se pega, se levanta la línea, se golpea con un objeto contundente y hasta allí llego.

Un poco más allá de la desembocadura del Concha en el lago, estuvimos por muchos minutos siguiendo una manada de delfines estuarinos o toninas del Lago. Son grises en el dorso y rosados en el vientre. Es una especie  diferente a la que se encuentra en el Orinoco (delfín sotalia). Aun cuando no se aproximan, es posible divisarlos con claridad.

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Un poco antes de llegar a Ologa, nos topamos con Congo Mirador, un pueblo de agua el cual es cruzado por el Rio Bravo. Lo habitan alrededor de 200 familias. Visitamos su iglesia, su campanario y su patrona: la Virgen del Carmen. Es muy pintoresco, aun cuando está amenazado por los sedimentos que bajan del Catatumbo. Según nos contaron hay deforestaciones en su cabecera por explotación indiscriminada de madera en la frontera con Colombia. Recorrimos su vialidad…acuática, presenciamos varios piques de peñeros; a pesar de lo escaso de la gasolina, compramos dulces criollos y conversamos con los pobladores. Son esplendidos. Tiene una infraestructura inconclusa donde el gobierno aspira(ba) desarrollar el ecoturismo para disfrutar y estudiar el fenómeno.

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Ologa; nuestro destino; es un caserío de no más de 60 familias que viven entre un islote de sedimentos y sus palafitos sembrados en la laguna del mismo nombre. Su ribera norte es bañada por un lago cargado de petróleo. Ologa cuenta con infraestructura, pero no funciona. Tiene paneles solares, planta desalinizadora, planta eléctrica, y sin embargo las familias que pueden tienen su propia planta. En los alrededores se trasladan en cayuco, lo cual les permite navegar sobre aguas poco profundas. Hay pescadores que salen durante días para que les rinda la faena. Viven expuestos a los chubascos. Nos alojamos en una casa que pertenece al Campamento Catatumbo Tours, aislados pero a pocas “leguas” del pueblo. Lo visitamos a pie. Nuestros zapatos se llenaron de petróleo, hasta perderlos. La suela se agrieto. ¿Y cuál será el efecto sobre los pies descalzos de los lugareños? Compartimos con las familias, y sobre todo con los niños. Sus juegos son muy sencillos pero llenos de vitalidad. Al principio la comunicación fue telepática pero cercana. Al final se despidieron con alborozo y a viva voz, pidiéndonos que regresáramos con las fotos y juguetes.

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Ambos pueblos tienen una escuela rural que escasamente llega hasta primaria. Los niños trabajan desde muy temprana edad. La escuela no ofrece suficiente atractivo para completar la educación. Necesitan un programa adaptado a su realidad. No existe certeza sobre el origen de estos pueblos. Algunos estudiosos consideran que  fueron fundados por esclavos que huían, y que posteriormente fueron asaltados por piratas. Ello explicaría el estereotipo de sus habitantes. Abundan las facciones blancas sobre cuerpos dorados, con ojos claros. Además en el cementerio de Congo Mirador se pueden leer algunos apellidos europeos.

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Nos internamos por los caños, tupidos de manglares buscando fauna. Se apagan los motores y se deslizan las embarcaciones. Llevamos carnadas de frutas para las mariposas. Logramos atrapar por unos momentos un ejemplar de la Mariposa Azul Eléctrico (Morpho Azul). La apreciamos y luego la liberamos. Existen especies endémicas, que han sido nombradas en honor a su descubridor; nuestro guía: Rhetenor Hightony (Highton es el apellido de Alan), una Morpho Azul con manchas blancas. No hubo puesta de sol pero la tarde se despidió con la zambullida de la Cotúa Aguja, la vigilia del Martín Pescador, el Aracu (pato prehistórico) y el Pato Cucharo.

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Todos los días estuvimos esperando que se desatara la tormenta para tener un espectáculo con bombos y platillos, pero apenas recibimos una pequeña “pringada” (llovizna). Alan y Kiko hacían guardia en la noche esperando el fenómeno. La primera noche nos despertaron a las 10:30. Nos encontramos en el desembarcadero, glamurosamente llamado plataforma de observación. Se estaba desatando la primera tormenta al este de la laguna. Ese es propiamente el fenómeno del Catatumbo. Había una luminosidad centellante a la distancia. El firmamento latía a  80 fogonazos por minuto y acelerándose. Nos volvieron a despertar a la 1am. En este caso la tormenta estaba al norte de Ologa, sobre el Lago. Sin embargo solo pude presenciar TRES descargas que rasgaron la noche. Una partió desde el infinito y se sumergió en vertical quebrándose varias veces en su trayectoria. La sombra de las palmas se delineaba ante cada explosión lumínica. Otra fue una descarga horizontal entre nubes. Algo inédito para mis ojos. De resto fue una noche encapotada, penumbrosa y sola perturbada por luciérnagas. La segunda noche fue similar. Fue inevitable cierto desencanto.

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El día que regresamos amaneció tormentoso. Alan nos acompañó. Recogería en Puerto Concha a un grupo de japoneses que están preparando un documental. Según lo que leí posteriormente ellos sí tuvieron la oportunidad de llenarse de millones de “cocuyos” (luciérnagas) que le rinden tributo al Padre de la creación, como refiere la leyenda de la etnia wari.

¿Valió la pena?,… CLARO y regresar también para recibir cientos de descargas en toda su luminosidad y “tempo”.

Gerardo Antoni Taborda (gAt)

Cel. 58-424-1971326

Email: gantonit@gmail.com

Facebook: Gerardo Antoni

Instagram: @gatuqueque

Blog: www.gerardoantonitaborda.com

Datos:

 

  • Catatumbo Tours (catatumbotour.com, catatumbotour@gmail.com). Pioneros en el turismo al Catatumbo. Alan Highton su fundador y guía, tiene 25 años visitando los puestos de observación del Catatumbo. Cuentan con su propio palafito en el pueblo de Ologa. Lo recomiendo con los ojos cerrados.

         Celulares de Alan: 0426-1748568 o 0414-7562575.

  • La casa de hospedaje tiene un cuarto colectivo con cuatro literas. Tiene aire acondicionado que aunque no hiela, es confortable y aísla de la plaga. También se puede dormir en las afueras en chinchorros con mosquiteros. Si hay brisa es delicioso.
  • La comida es abundante, variada, balanceada y muy casera. El pueblo aporta gran parte de la alimentación. Se practica un turismo solidario. Eso se denomina compromiso social con valor compartido.
  • La electricidad es a través de una planta propia, y el agua es de lluvia. Cuando cae se almacena y se bombea. De lo contrario hay que recoger agua de la laguna y se purifica.
  • Lo mismo aplica para el “duchazo”. En la laguna y con jabón azul biodegradable. Si lo hacen de noche reciben los “mordisquitos” de las isabelitas. Hay que tomarlo como un “peeling” completamente natural (lo que llamarían en otros países un “fish spa”).

Existen sanitarios, pero no un sistema de aguas servidas, por lo cual es cómodo pero poco ecológico.

La señal telefónica es errática, y solo para Movilnet.

Todo lo anterior no solo es parte de la aventura, sino que sensibiliza de cómo viven muchos de nuestros hermanos en el siglo XXI, de lo afortunado que somos y de los privilegios que damos por descontado.

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